¿Te acuerdas del frijolito? Creo que todos los que pasamos por primaria hicimos este experimento en biología, en el que ponías un par de frijoles en un frasco con un algodón húmedo y después veías como germinaba y crecía dentro del frasco.

Con semejante semillota, era muy fácil ver como pasaba todo. De hecho, no estaría mal que lo hicieras de nuevo… ver como crecen las plantas te puede educar mucho más que estar leyendo libros y manuales.
Una de las cosas que he visto una y otra vez desde que inicié en hidroponía, es la cara de sorpresa de la gente cuando les digo que es y como funciona. Aún después de ver las plantas creciendo en hidroponía, no dejo de ver caras de asombro e incredulidad.

¿No es irónico que todos tengamos contacto con la hidroponía desde niños y lo olvidemos tan rápido? Porque a mi se me olvidó por completo. El experimento del frijolito es el típico cultivo hidropónico: un contenedor, un sustrato (el algodón), una semilla y una solución nutritiva, en este caso agua.
Por supuesto que si lo dejas no llegará muy lejos. El agua sola no es muy buena, pero si la sustituyes por una solución nutritiva con fertilizante, el frijolito puede crecer bastante. La razón de que crezca tanto sin nada es que tiene bastante reserva para iniciar, así que, mientras solo hay agua, utiliza el almidón de la semilla (llamados cotiledones) para hacer sus tejidos.
Por cierto, no te recomiendo sembrar frijoles; la planta crece mucho, ocupa bastante espacio y es una leguminosa muy barata. Bueno, eso aplica en la ciudad, donde no hay mucho espacio para hacer cosas y hay que utilizar lo que más te rinda. Si tienes donde, mejor que te hagas los tuyos.
Así que la próxima vez que alguien te diga que no sabe de hidroponía, recuérdale que sembró el frijolito y que ya tiene experiencia; solo hay que pulirla para hacer cosas mucho más elaboradas pero que, en esencia, son lo mismo que el frijol con el algodón.